El adiós siempre tiene un rostro que perseguir, una mirada que vuelve al paraíso en nada.
El olvido deslava el rostro del adiós, pero oscila entre lo real y el delirio: pensamos que olvidamos, traducimos el dolor en negación y en las noches frías y crudas encontramos de frente lo que tanto queríamos olvidar.
Y la soledad..la bella conclusión para el que olvida. La soledad es el adiós que no quise y se adueñó de mí. La soledad, la sentencia que dictaste para mí.
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