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El puente que conecta el amor y el sexo, se llama beso.
Beso que rima más con sexo que con amor,
el beso que es un pasaje al paraíso de los delirios,
el beso que es un pasaje al paraíso de los delirios,
de los sueños del cuerpo, del tacto, de la cercanía y en ocasiones del alma.
El beso que trasciende las letras y la poesía para convertirse en los segundos más eternos.
La vida suspendida, el corazón que se balancea entre dos besos.
Un primer beso que tanto esperamos, se escurrió como agua entre mis dedos,
Idealizando tanto, la realidad lo aniquiló y lo hundió,
en la búsqueda desesperada de otra piel,
en la búsqueda desesperada de otra piel,
de un laberinto donde me escondí de tí,
entre un montón de caricias sin rumbo,
entre un montón de caricias sin rumbo,
como sin dueño, naufragando a la deriva de tu misterio.
Y el otro beso que nunca vivimos, se quedará en la punta de tus labios como un secreto,
el susurro de los sueños que se nos murieron antes de desearlos.
Tú, tan preso de tus miedos que no te diste cuenta que matabas el deseo de ese beso.
Yo no veía que el beso era sólo el pretexto porque tus ojos ya lo habían dicho todo.
Dos besos como amuleto, como conclusión, como final, como inició: como verdad.
Únicamente dos besos.
Hoy sólo existen dos besos.