lunes, 11 de octubre de 2010

NOBECONOMICS: Nobel y desempleo

Iniciando lo que se conoce la tercera edad, tres economistas consagrados en la investigación ganan el premio Nobel de Economía. No es de sorprender que dos sean norteamericanos y un europeo (nacido en Chipre, educado en Londres), los ganadores de la presea.

El tema elegido es el de moda hoy día: el desempleo. Ya se ha vuelto una constante en los círculos de columnistas, economistas y financieros hablar del desempleo como una de las peores consecuencias de la crisis económica mundial que comenzaremos a dejar atrás hasta 2011.

En estas teorías se demuestra como la política económica y las regulaciones financieras inciden sobre el desempleo, los salarios y el dinamismo de las vacantes de trabajo. Suena bastante lógica la relación, pudiendo haber sido planteada por cualquier economista de mediana educación, que entiende que el problema del empleo no es sólo de carácter filosófico, sino que es la variable que más incide sobre el consumo y el consumo en cualquier país promedio pesa entre el 60% y 70% del PIB. He ahí la importancia.

Un punto destacable en el trabajo de Diamanond, Mortensen y Pissarides, es que rompen con las teorías del pleno empleo y de la ley de oferta y demanda clásicas. En un mercado perfecto se supone que oferta y demanda se encuentran en el mercado al precio de equilibrio para ambas partes y el ajuste es inmediato en el mercado. Los economistas sabemos que en la vida real no es así. Competencia perfecta nos sirve para estudiar y armar modelos, pero no para explicar la realidad.

En el mundo real los mercados pueden clasificarse dependiendo del producto o servicio que ofrecen y del segmento del mercado que atiende ese producto. Es así como hay productos que se ajustan diariamente, inclusive cada ciertas horas o minutos, como el tipo de cambio o los alimentos (es una maravilla acudir al tianguis y ver plasmada la definición de oferta y demanda en su máxima expresión). Otros productos mantienen un precio constante pese a que oferta y demanda fluctúen y sólo aumentan de manera controlada, como la electricidad o el suministro de agua. Y otros mercados, como el laboral, tienen un comportamiento de ajuste más lento a través del tiempo y donde inciden más variables en juego.

Para el no-economista, puede resultar complejo pensar en el trabajo como un mercado donde las personas ofrecemos nuestro tiempo, capacidades y talento (cualquiera que este sea) y alguna empresa o institución lo demandan. Lo complejo de esta relación es que ante un panorama de crisis económica, la demanda se contrae y cambia su composición, entonces nos encontramos con un exceso de oferta, para hablarlo en español: desempleo.

El reto de las naciones es que este exceso de oferta se reduzca y que a través del tiempo, demanda y oferta laboral crezcan a ritmos similares para poder mantener así el consumo y el progreso de las naciones. ¿Por qué? Porque como lo indica el flujo de la economía: un empleado de la empresa X en el mercado laboral cobra un salario, el cual será gastado en bienes y servicios que venden las empresas (entre ellas la empresa X), la empresa X al crecer en ventas, puede crecer en tamaño y demandará más empleados, con lo cual toma parte de la oferta laboral de, por ejemplo, jóvenes recién graduados de la universidad.

Por eso el desempleo no es un tema menor y se aborda como una fuerte ancla cuando hay crisis económica. No es de extrañar que esta sea la razón por la que el tema fue acreedor al Nobel. El reto es más allá de teorías e investigaciones, se implementen las políticas de ajuste necesarias para echar en marcha.

Y en México yo diria, menos dinero en traer a Michael Phelps, más dinero en impulsar PyMES que son las grandes generadoras de empleo.


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