No se trata de que llegue una persona mágica tu vida y lo cambie todo, se trata de una persona con la que poder ser tu mismo. Se trata de esa persona a la que de verdad le importe, que la persona que tú miras frente al espejo sea mejor cada día
No se trata de esa persona que llega mágicamente y cura las heridas, se trata de la persona que no te suelta la mano mientras esas heridas cicatrizan, esa persona que quizá no entiende porque te duele tanto, pero que espera en silencio y te mira y sientes que no estas solo en ese dolor.
No se trata de la persona que va venir a cambiar tu vida y que todo su mundo va girar en torno tuyo. Se trata de la persona que simplemente está y es como es y siendo como es, la prefieres por sobre ninguna otra.
No se trata de la persona que te roba los suspiros o las miradas a primera vista, se trata de la persona que se queda sabiendo tus defectos pidiendo tus momentos buenos y malos y aún así tiene más fe en ti que nadie.
No se trata de la persona que vio en ti pura belleza y bondades, se trata de la persona que conoce tu lado más retorcido, el menos ordinario, el más complejo. Lo ha visto y está dispuesto a navegar en él.
No se trata de la persona que te llena de detalles y regalos para demostrarte cuanto te ama, se trata de la persona cuyo mayor detalle es darte espacio y tiempo para que hagas lo que más feliz te hace.
No se trata de la persona que está todo el tiempo pendiente de tí, sino se de la persona que está ahí el día menos pensado simplemente porque disfruta y aprecia estar juntos.
Yo tampoco conocía a esa persona, tampoco imaginé que algo así podría ser la felicidad. No nada muchas cosas tenía poca certezas. Y también he aprendido que la seguridad en el amor y sus múltiples demonios, no existe.
Lo único certero es el riesgo que une nuestras manos y nuestros destinos.