Hoy hace un buen día para que el corazón vibre y se entusiasme,
es la víspera para cerrar, lo bueno, lo malo, lo mejor.
Al atardecer nos reinventamos, cuando el sol acaricia el cielo diciendo adiós,
somos partículas pequeñas pero vibrantes, eternas y hetéreas.
Somos nuestra fe, nuestros sueños, nuestro día a día.
Añoramos el futuro y el hoy se nos escapa como el agua,
pero siempre hay un espacio para reinventar el pasado que fuimos.
La incertidumbre nos atrapa, nos cuestiona, nos repliega,
el corazón es el único capaz de certezas, de convicciones firmes,
el corazón sabe que la vida seguirá sorprendiéndonos,
el corazón sabe que llegó la hora de agradecer y decir adiós.
La hora de soltar lo que fuimos, con la esperanza de lo que seremos.
Desde el centro de cada uno vibra esa esperanza del mañana,
y vibra también la gratitud por lo que el corazón logró este año.
Gracias a quienes prestaron su corazón para vibrar juntos,
su sonrisa para encender el espíritu,
su luz para guiar este camino,
sus alas para volar lejos.
Gracias desde el vibrar más intenso de mi encendido corazón.
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miércoles, 28 de diciembre de 2011
lunes, 26 de diciembre de 2011
Dime como
¿Cómo desenredo tus besos de mi cabello?¿Tus ganas de mis sueños, tu mirada difusa de mi mente?
¿Cómo olvido tus gestos jugando en mis mejillas, tu sonrisa que todo ilumina cuando algo te inspira?
Explícale a mi piel por qué no está tu cuerpo, a mis manos que no habrá mas ese calor de tu tacto.
¿Cómo le digo a mis ojos que no estarás por las mañanas, que faltó fe y sobró corazón ?
Dile a mi corazón cuando le prohibiste sentir, recuérdale las palabras que mejor te salen: somos libres, no me extrañes. Repítelo como ritual, como final, para olvidar.
Pronuncia las palabras, la encrucijada, el adiós. Así me voy convenciendo que es un poco cierto, que mientras las lagrimas recorren mi rostro, tú insistes en que aquí nunca pasó más nada.
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¿Cómo olvido tus gestos jugando en mis mejillas, tu sonrisa que todo ilumina cuando algo te inspira?
Explícale a mi piel por qué no está tu cuerpo, a mis manos que no habrá mas ese calor de tu tacto.
¿Cómo le digo a mis ojos que no estarás por las mañanas, que faltó fe y sobró corazón ?
Dile a mi corazón cuando le prohibiste sentir, recuérdale las palabras que mejor te salen: somos libres, no me extrañes. Repítelo como ritual, como final, para olvidar.
Pronuncia las palabras, la encrucijada, el adiós. Así me voy convenciendo que es un poco cierto, que mientras las lagrimas recorren mi rostro, tú insistes en que aquí nunca pasó más nada.
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viernes, 9 de diciembre de 2011
Octavio Paz y el fenómeno #soyprole
Antes de escribir mis reflexiones de este tema, quiero dejar claro que no comparto ideología política alguna, si acaso mis preferencias se resumen a ser por las personas y no por los grupos o partidos.
He tomado unos días para analizar el suceso de la semana, que algunos han destacado como “la ignorancia” del futuro presidente, su falta de cultura al no leer, o cómo una hija arruina la campaña política del padre. Sin embargo, le daría un título más profundo y certero que me remontó de inmediato al México que Octavio Paz retrata en “El laberinto de la Soledad”, ese México en el que la búsqueda de nosotros mismos se ha mantenido latente y ha sido reprimida por diversas instancias e instituciones al transcurrir de la historia.
Tal como relata Octavio Paz, los mexicanos formamos una sociedad donde el mexicano se diluye a sí mismo y a su vez disimula la existencia de los demás, somos indolentes, ignoramos el dolor del otro, mientras no traspase nuestras vidas. Esa actitud no responde a una conducta particular, sino a una forma de ser: el mexicano per sé se ningunea, se anula, la nada se personifica y somos “ninguno” ante los ojos de los demás.
“Ninguno” tiene nombres peculariares de llamarse, creativos y diversos: nacos, chusma, rotos, masa, pobres, Godinez y nuestro favorito de estos tiempos “prole”. Es aquí donde quiero determe para recordar los sucesos de esta semana, donde claro, un gran grupo de mexicanos resultaron sentirse indignados porque la niña Peña Pretellini se atrevió a llamarnos “prole”, la señalaron y acusaron de clasista “niña rica que jamás ha sufrido penurias” y por ahí apareció el post de Héctor Zagal, donde “la prole” le pide a la niña que recordara que gracias a ellos viste, calza, come, vive, respira, tranquilos! La niña apenas tiene dieciseis años y tampoco es su culpa ser hija de quien es ni haber nacido rodeada de comodidades, eso es lo que no entiende “la prole”.
“La prole” es esa barrera en la que cada individuo que se siente relegado, en una sociedad injusta, desaparado y sí, solitario, se une con sus similares para, a la menor provocación, reaccionar y criticar al que siente que es diferente a ellos. Si a esto agregamos, el contagio viral en redes sociales, el efecto se exponencía. Reacciones radicalizadas en dos grupos: prole ofendida y prole orgullosa de serlo. De vuelta a Octavio Paz, el mexicano que se ríe de sí mismo, de su tragedia, de la muerte, de su historia; que esconde tras esa máscara de sonrisa al mexicano que se siente frágil, deformado, relegado y sí, busca la mínima excusa para manifestarse.
Más allá de que nos importe si el candidato a la presidencia lee o no, y no estoy diciendo que no importe sino que a la sociedad en su mayoría le da igual, más allá de eso, nos importa manifestarnos, tener una postura al respecto, alzar la voz y sentir que se le da voz y forma a “la prole”, que por un momento la libertad se reconcilia con el orden, la palabra con el acto y el individuo tiene un rostro humano más allá de ser prole.
¿Qué pensaría Octavio Paz de la posibilidad, de la esperanza que para algunos son las redes sociales de dejar de ser “nadie” o “prole” para convertirse en alguien con rostro? No importa si las ideas son o no certeras, adecuadas o creativas, la muralla se está derribando, el mexicano que se quita las máscaras, no en la vida cotidiana o física, sino en las redes sociales, el mexicano empoderado por la tecnología y está peleando por su libertad de ser. Interesante si pudiéramos preguntarle.
Respecto al incidente, de lo único que podría culpar a EPN es de tener un equipo poco preparado manejando su campaña, que no supieron blindarlo cuando se subió al foro de la FIL, que fueron incapaces de anticipar que en una Feria Literaria, podrían preguntarle qué libros ha leído y lo dejaron indefenso y expuesto a los medios, a la sociedad, a twitter! La hija, considero, es la menos culpable en el asunto, apuesto que 99% de nosotros reaccionaríamos así cuando ofenden a sus progenitores, otra vez, el equipo de campaña no recordó que además de cuidar al candidato, deben cuidar a la familia cercana.
Los demás cargos del suceso mediático, se imputan a esta curiosidad laberinto de la soledad de todos los mexicanos.
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