Creo que mi mente y mi corazón están muy abiertos estos días, y en general me he vuelto una persona mucho más receptiva.
Creo también que mi decisión de disfrutar la vida al máximo ha sido la adecuada, he tenido la capacidad de hacer un número de cosas de las que no me creía ni segura ni capaz. He estirado mi tiempo y mi persona a unos límites que ni yo misma imaginaba y creo que todavía puedo dar mucho más.
Este estado de ánimo influyó en mí para poder descubrir en algo popular y de vanguardia, un verdadero poema a la vida. Ayer acudí a la exposición “Ashes and Snow” y si tuviera que describirla de algún modo, diría que es un poema a la vida y al amor.
Al entrar aparece el camino lleno de posters en pergaminos con imágenes que cualquiera puede pensar que fueron montadas en PhotoShop. Este primer encuentro no me impresionó, pero algunas imágenes me parecieron en verdad hermosas, fueran verdad o montajes, la idea de la imagen es hermosa. Conforme avanzaba me fui asombrando poco a poco de las maravillas de la naturaleza.
Disfruté enormemente el diálogo de cuidado, amor y comprensión que ocurrió en una balsa en medio del río, entre el chimpancé y la mujer. Ese diálogo tan perfecto me hizo pensar en las pocas veces que yo misma he logrado comunicarme con tal perfección, las podría contar con mis dedos, pensé que el lenguaje puede volverse una bruma que no nos deja reflejar las sensaciones, el instinto, el sentimiento. El lenguaje como una barrera que nos obliga a entender las cosas, sólo si las decimos, cuando el lenguaje físico puede decir cosas para las que no han nacido las palabras. Creo que nuestra libertad de expresión vive condenada al lenguaje verbal o escrito y reprime el instinto que nos grita dentro del cuerpo.
La siguiente escala fueron los paquidermos y ballenas, grandes en tamaño y en transmisión de emociones, el diálogo de los hombres con la naturaleza, como en la prehistoria y precisamente pensé en eso, en la cantidad de cosas que una persona así necesita para ser feliz: nada. Únicamente el contacto con al naturaleza en todo su esplendor, ¿para qué cosas materiales si todo está en la naturaleza? Tal vez yo misma podría vivir de esa manera porque esas imágenes, esos sueños que se diluyen en el río, en la arena, podrían ser los míos, los que algún día reemplacé por otros menos emocionantes. Tal vez yo misma podría ser feliz así y lo que me detiene son este montón de paradigmas que tengo desde que nací, que el colegio alimentó, que en la universidad hice míos y que cada día repito, reitero y actúo conforme a ellos.
Creo que la parte más difícil para todo ser humano es romper el paradigma o los paradigmas que cargamos que a veces nos hacen ver como “El Pipila” cargando una gran losa sobre nosotros. Sin embargo no podemos soltarla, porque sobre esa losa está fundamentada gran parte de nuestra vida y nuestros sueños y si algún día de verdad la queremos soltar, tiene que ser desde el centro, desde las cosas con las que nuestra esencia no puede expresarse en su totalidad.
Además de pensar, visualicé muchas cosas en el sentido de cómo al igual que la materia en la naturaleza, nosotros mismos nos transformamos día a día, hasta que al final de nuestros días sólo quedan nuestras cenizas y aquellas cosas que pudimos escribir, no en hojas secas, sino en los corazones de la gente que tocamos, y al final de todo esa es nuestra única certeza. Viviremos si los otros nos recuerdan…………..
Creo también que mi decisión de disfrutar la vida al máximo ha sido la adecuada, he tenido la capacidad de hacer un número de cosas de las que no me creía ni segura ni capaz. He estirado mi tiempo y mi persona a unos límites que ni yo misma imaginaba y creo que todavía puedo dar mucho más.
Este estado de ánimo influyó en mí para poder descubrir en algo popular y de vanguardia, un verdadero poema a la vida. Ayer acudí a la exposición “Ashes and Snow” y si tuviera que describirla de algún modo, diría que es un poema a la vida y al amor.
Al entrar aparece el camino lleno de posters en pergaminos con imágenes que cualquiera puede pensar que fueron montadas en PhotoShop. Este primer encuentro no me impresionó, pero algunas imágenes me parecieron en verdad hermosas, fueran verdad o montajes, la idea de la imagen es hermosa. Conforme avanzaba me fui asombrando poco a poco de las maravillas de la naturaleza.
Disfruté enormemente el diálogo de cuidado, amor y comprensión que ocurrió en una balsa en medio del río, entre el chimpancé y la mujer. Ese diálogo tan perfecto me hizo pensar en las pocas veces que yo misma he logrado comunicarme con tal perfección, las podría contar con mis dedos, pensé que el lenguaje puede volverse una bruma que no nos deja reflejar las sensaciones, el instinto, el sentimiento. El lenguaje como una barrera que nos obliga a entender las cosas, sólo si las decimos, cuando el lenguaje físico puede decir cosas para las que no han nacido las palabras. Creo que nuestra libertad de expresión vive condenada al lenguaje verbal o escrito y reprime el instinto que nos grita dentro del cuerpo.
La siguiente escala fueron los paquidermos y ballenas, grandes en tamaño y en transmisión de emociones, el diálogo de los hombres con la naturaleza, como en la prehistoria y precisamente pensé en eso, en la cantidad de cosas que una persona así necesita para ser feliz: nada. Únicamente el contacto con al naturaleza en todo su esplendor, ¿para qué cosas materiales si todo está en la naturaleza? Tal vez yo misma podría vivir de esa manera porque esas imágenes, esos sueños que se diluyen en el río, en la arena, podrían ser los míos, los que algún día reemplacé por otros menos emocionantes. Tal vez yo misma podría ser feliz así y lo que me detiene son este montón de paradigmas que tengo desde que nací, que el colegio alimentó, que en la universidad hice míos y que cada día repito, reitero y actúo conforme a ellos.
Creo que la parte más difícil para todo ser humano es romper el paradigma o los paradigmas que cargamos que a veces nos hacen ver como “El Pipila” cargando una gran losa sobre nosotros. Sin embargo no podemos soltarla, porque sobre esa losa está fundamentada gran parte de nuestra vida y nuestros sueños y si algún día de verdad la queremos soltar, tiene que ser desde el centro, desde las cosas con las que nuestra esencia no puede expresarse en su totalidad.
Además de pensar, visualicé muchas cosas en el sentido de cómo al igual que la materia en la naturaleza, nosotros mismos nos transformamos día a día, hasta que al final de nuestros días sólo quedan nuestras cenizas y aquellas cosas que pudimos escribir, no en hojas secas, sino en los corazones de la gente que tocamos, y al final de todo esa es nuestra única certeza. Viviremos si los otros nos recuerdan…………..