jueves, 10 de febrero de 2011

Chau Número Tres-- Mario Benedetti

La poesía siempre lee mi mente....lo que vivo hoy día.



Chau Número Tres




Te dejo con tu vida

tu trabajo

tu gente

con tus puestas de sol

y tus amaneceres

sembrando tu confianza

te dejo junto al mundo derrotando imposibles

segura sin seguro

te dejo frente al mar descifrándote

sola sin mi pregunta

a ciegas sin mi respuesta rota

te dejo sin mis dudas pobres y malheridas

sin mis inmadureces

sin mi veteranía.



Pero tampoco creas a pie juntillas todo

no creas nunca creas este falso abandono

estaré donde menos lo esperes

por ejemplo en un árbol añoso

de oscuros cabeceos

estaré en un lejano horizonte

sin horas en la huella del tacto

en tu sombra y mi sombra

estaré repartido en cuatro o cinco pibes

de esos que vos mirás

y enseguida te siguen

y ojalá pueda estar de tu sueño

en la red esperando tus ojos

y mirándote.

sábado, 5 de febrero de 2011

Cielito Querido...... de vuelta a los días de la abuela

El simple hecho de entrar al lugar es ya una experiencia. Los mejores rasgos de la cultura popular mexicana fueron tomados y refrescados volviéndolos piezas de cualquier colección de arte pop. Tazas de peltre, tarros de mermelada, chocolate, café, horchata, son algunos de los objetos que evocan estas raíces muy mexicanas.  Como diría  Pahmuk en su libreo “El Museo de la Inocencia”: en Cielito Querido Café puedes vivir a través de los objetos y del recuerdo instantáneo que evocan.

Dichos mexicanos por todos lados, refranes populares que hoy parecen tener un dueño. Una más del marketing: adueñarse de lo popular que no tiene nombre ni autor, pero que está arraigado en la mente y el corazón del consumidor:  “Como caído del cielo” “Pan comido” “Te voy a quitar el sueño” “Las penas con pan son menos”, entre otras. Me encantan las servilletas con la leyenda “Migajas de amor”.

Sigo atrapada en la decoración del display de productos, finalmente decido  por un chocolate blanco, debo decir que hubiera estado bien una horchata caliente o quizá un té, pero el display con los productos me pareció (como consumidor) muy enredado de leer. Los colores y el diseño son muy originales pero quizá un consumidor más simple y que vive de prisa en una ciudad como el DF, requiere un menú un poco más sencillo y fácil de leer (bueno esa es mi sugerencia).
La forma de ordenar es muy similar a otros cafés y encuentro un detalle muy original: Aquí decimos chico, no alto. No es grande es mediano. No se dice Venti, se dice grande. Todos entendemos que es una sátira al mood gringo que Starbucks nos trajo, ¿quién está bien o mal?, el consumidor decide.
Las reglas del branding nos dirían que no podemos basar parte de la imagen de la marca en atacar a la competencia. El mensaje mercadológico detrás de los vasos es muy poderoso:  somos mexicanos como tú, Starbucks quiere que te adaptes a él, nosotros nos adaptamos a ti. Por otro lado, el branding de esta marca es impecable, pega duro a los recuerdos, la tradición, el nacionalismo y a un personaje entrañable en los corazones: la abuela. Lovemarks le daría un diez perfecto como marca de amor.

Todo el camino a casa me quedé pensando, ¿a quién se le ocurrió este lugar? Y no es tanto el lugar, ¿quién fue tan listo para apropiarse de las cosas populares, darles nombre, marca y venderlos?  Esto sí que es una gran hazaña y merece toda mi admiración.


Ante una sociedad mexicana transitando hacia la era digital, confundida en su identidad nacional, que acaba de pasar por una crisis económica y que es cada vez  menos leal a sus marcas de costumbre, Cielito Querido no le ofrece  café, ni chocolate, ni horchata, le ofrece un escape a la mejor parte de ser mexicano y un  viaje a los días en la cocina de la abuela.