Ese momento exacto cuando entramos al cuarto , me miras con paciencia en la total oscuridad, me recorres con esa paz del que nada busca y sólo encuentra un poco de luz. Tu mirada me recorre hasta los huesos, es como si abrieran las estrellas y explotaran en tus dedos que me tocan como si esto no fuera real.
Ese momento en el que todo tiene sentido, o nada. Donde todo inicia y a la vez acaba. Cuando me quedo a vivir entre tus labios y buscas mi cuerpo como un niño que ansía un algodón de azúcar.
Yo también te miro, algo me vibra dentro. No se trata del contacto, ni de la belleza, sino de este momento que no podría ser de otra manera. Te miro y te necesito, te miro y decido quedarme.