Después de pasar por un espacio en blanco, logré tranquilidad en mi alma y corazón, pude estabilizar muchas cosas en mí que daban vueltas por mi mente y no me dejaban vivir en paz. Este periodo va concluyendo poco a poco y siento que las cosas comienzan a tomar su cause. Si pudiera describir estos días me bastarían dos palabras: búsqueda y angustia.
Hay días en los que mi mente trabaja de más y empieza a generar cierta hilación de ideas que terminan dañando mi corazón y poniendome en el límite un abismo al que me dejo caer sin darme cuenta. En ese abismo siento que la angustia se apodera de mi y que no tendrá fin y dentro de ese abismo todo es dolor y lágrimas. Cada vez es más dificil salir sola de ese abismo y volver a la realidad, a concentrarme en el trabajo, a valorar mi vida y mi salud. Cuando estoy ahí dentro no puedo creer como puedo ser tan fuerte en otras horas, en otros días, como puedo hacer para llenar de paz mi corazón. Esa angustia la descargo hablando con alguien, casi siempre para mal y termino de nuevo más dentro del abismo. Por ahora lo único verdaderamente efectivo para terminar con mi angustia es sumergirme en cosas triviales que me ocupen la mente y no permitan a mi corazón expresarse. Ayer funcionó y fui al lugar que menos quería con gente que no me agrada y sin embargo así la angustia se alejó.
Cuando pasan esas etapas prefiero no volver a pensar en ellas y hacer como si nada, hoy decidí hacerlo diferente y analizar cómo me siento en esos momentos y por qué me permito llegar tan profundo en la angustia. Ya no quiero entrar de nuevo en el abismo, aún no sé cómo alejarme de esta terrible sensación pero sí sé que lo deseo. Tampoco sé de dónde viene la angustia, ni la causa real. No sé si sea una gran desesperanza por los sueños perdidos, una forma de autocastigarme por mis errores, no sé si lo que me angustia es saber en mi corazón que no deseo cosas o que no siento emociones que a veces creo desear y sentir.
Al escribir esto empiezo a ver mi angustia como el sentimiento al que aferrame, como cuando uno se aferra al amor o a la felicidad y ahora mismo para mi el sentimiento más fuerte es esta angustia. Es tal vez el miedo a no sentir nada, lo que me produce este sentimiento angustiante. Tengo que aprender, aprender a estar sola, aprender a no sentir nada, a descifrarme.
Y aparece la búsqueda, sobre todo de la voluntad para renunciar a la angustia y todo lo que encierra en sí. Comenzar a disfrutar las pequeñas cosas que hacen que todo valga la pena, como estar esta madrugada descifrandome.
A pesar de todo, me gustó que en estos días diversas personas me hicieron sentir muy mal (y no por ponerme en un papel de víctima), me gustaron esa serie de malos detalles porque también hubo otras que me abrireron su corazón y que me dieron la mano para poder salir de ese terrible trance de angustia.
También me gusta darme cuenta que pese a mi angustia y que me sienta mal con algunas personas, jamás dejaré de ser yo misma, ni de ser buena persona (creo yo). Hace mucho hice mía la frase famosa que dice: “Si te dan una cachetada, pon la otra mejilla”. Y simplemente eso haré, porque no vale la pena vivir con rencores y llenarme de sentimientos que no necesito y me pesan.
En esta búsqueda infinitas gracias a mis amigos, los de diario (con los que comparto la vida, los sueños y la esperanza del futuro), los que me llaman simplemente para contarme que se quedaron inundados en una avenida y esa llamada significa me acordé de ti, los que me regañan y sé que tienen razón, los que están ahí y escuchan mis historias mil y un veces sin cansarse, los que están a punto de vivir el momento más feliz de su vida y aún así tienen energía para escuchar mis problemas, los que apenas me conocen y ya me han salvaod tanto. Los que soportan todos mis defectos y enaltecen mis virtudes, y al final su compañía o su consejo terminan con mi angustia.
Antes pensaba que tenía muchos amigos, ahora creo que no son tantos pero son los necesarios.