miércoles, 29 de junio de 2011

Reconciliación

Un poema diario para el alma,
mientras te espero y tú me buscas.
Un poema al dormir,
como remedio a la tristeza sin fin.

El poema a cucharadas,
doble dosis en las madrugadas.
Un poema que te envuelva y te abrace,
no a ti , sino a la vida a detrás de ti.
Un poema de ojos abiertos,
de alegrías mas que lamentos.

El poema que te vuelve inmortal,
que te diga que iría contigo hasta el final.

Un poema sin salida, un laberinto
que te enreda el instinto.
Poema inconcluso y difuso,
como tus ojos profundos.

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sábado, 11 de junio de 2011

Apple y la política mexicana: antagonistas totales de nuestros tiempos

De acuerdo con el estudio global de valor de marcas, realizado por Millward Brown este año, Apple es la marca más valiosa del mundo. Podríamos discutir la metodología de comparación con la que se hace un análisis, pero lo que es un hecho esque la mercadotecnia en torno a la marca es lo que le ha permitido llegar a donde hoy está. Desarrollos amigables con el usuario, que se renuevan constantemente, que generan en el consumidor el deseo y la ansiedad de estar a la vanguardia y todo ello con el objetivo real -no de hacer productos útiles y novedosos- sino, como cualquier empresa: generar cuantiosas ganancias.

Apple tiene dos puntos medulares en su estrategia. Por un lado, no pierde de vista su target: no le vende a todos ni en todos lados, tiene muy claras las características del grupo al que dirige sus productos y aunque todo es regido por una estrategia global, al consumidor en Latinoamérica, África o Europa, lo hace sentir “especial” y parte de un selecto grupo, a la vez que localmente le facilita la adquisición de los productos, así como el soporte técnico. El otro punto central es el desarrollo impecable de productos, con pruebas constantes, colaboración de los propios usuarios y mucha creatividad para encontrar no lo que el consumidor necesita y desea hoy, sino lo que debe desear mañana.

¿Por qué digo que la política mexicana es el antagonista de Apple? Si gamos con el análisis, todos sabemos, pensamos y comentamos lo pobre que es nuestra política hoy día. Elecciones del Estado de México en puerta y ningún candidato convence. El del PRI copia los dogmas de López Obrador, el del PAN representa toda al figura ortodoxa que queremos romper y el del PRD la osadía de traer a escena a delincuentes que fueron descubiertos hace años defraudando a los ciudadanos.

La contienda electoral en el Estado de México presume de utilizar el “Marketing Político” como base en sus estrategias, pero ese circo de marketing no tiene nada, o muy poco. El marketing supone, al menos como dicen los libros,  cuatro grandes variables que debe ser cubiertos pro todo producto que quiera llegar al consumidor y derrotar a la competencia: promoción, plaza, precio y producto.  Parece ser que en esta era que nos toca vivir, los políticos se centran e n la promoción, mejor dicha propaganda a diestra y siniestra además con slogans trillados e irracionales que no conectan con los consumidores (dígase votantes): piensa en grande, puede más, por tu familia, etc.

En cuanto a la plaza, tapizan las calles de esa propaganda a diestra y siniestra, no perfilan un target o más bien buscan muchos a la vez, con el mismo discurso: el PRO  las doñitas que cuidan el gasto ya no tendrán que preocuparse porque les darán “la efectiva”, el PAN a los jóvenes que  viven subempleo y el PRD a los que están hartos de los dos anteriores. Recuerden que hasta las empresas de consumo masivo, como Coca Cola tienen estrategias claras y sobre todo, contundentes a través del tiempo en su comunicación. Retomando este ejemplo, Coca Cola lleva años vendiendo y comunicando: buena vibra, relax, felicidad. ¿Y los partidos? Un día le dan dinero a los pobres, otro día cuidan el empleo, al otro firman compromisos, uno más hacen vialidades, en fin ¿y la regla de oro de la consistencia?

De la variable precio, ni hablar, lo más irónico del tema es que el precio es el mismo sea quien sea el ganador. En el mundo empresarial sería bien irónico, todos los competidores venden un commodity al mismo precio, entonces en ese ámbito la pelea sería por las ventajas competitivas que tenga un producto sobre otro para atrapar al consumidor-votante.  Esto nos lleva a la última y crucial variable en este tema: el producto.

En marketing aprendemos que el consumidor es un ser irracional, que muchas veces no sabe lo que quiere, se deja guiar por las emociones y detesta sentirse confundido. Todo lo anterior es el sentimiento que la propaganda política genera en los consumidores-votantes. No muestran lo que el consumidor podría necesitar y sentirse identificado, no apelan a puntos emocionales y tantos mensajes copiados, contradictorios y promesas sin cumplir, confunden al consumidor-votante. El producto, entendiéndose como la propuesta concreta de cada candidato en cuestión, no se comunica y lo poco que se ve, no dice mucho. La propuesta debieran ser 10 puntos concretos que comuniquen beneficios al votante porque, ¿a poco basta pensar en grande o desear poder más para acabar con los problemas?

Por ello comencé hablando de antagonismo, del tipo mercadológico. En nuestro tiempo tenemos el mejor y el peor ejemplo de técnicas de marketing. En el mejor ejemplo vemos la marca más poderosa del mundo, que además tiene clara su meta de hacer la vida de sus consumidores más fácil y feliz, entendiendo que ellos pagarán por esa promesa aún precios altos. Y por el otro lado, las promesas sin cumplir de años, el producto “quemado” en los tres partidos y que irónicamente alguno se quedará con nuestro dinero, queramos o no.

La mercadotecnia en tiempos del monopolio político: porque los tres partidos son la misma cosa, un monopolio de poder donde ninguno ha demostrado darle la vuelta al menos a uno de los dos problemas que más le duelen a México: violencia y desempleo.

Qué cómodo ser político y qué tontos somos los consumidores-votantes, que armamos un drama si nos atienden mal en un restaurante o si nos aplican el redondeo de cinco centavos, pero que aguantamos tres o seis años que se roben nuestro dinero sin obtener un beneficio por ello. Cuidando los centavos, tirando los pesos.