Me gusta el olor del frío, el ruido de las hojas bailando con el viento, las llamas heladas quemando mi cara. Me gusta el frío porque me recuerda a ti, a los momentos pasados y a los que aún no han sido. Me fascina que el frío provoque en mí la incansable necesidad de abrazarte.
Y este clima y todo el ambiente, me llevan a recordar los sueños más grandes, como si el corazón se inspirara con un soplo helado y ese soplo reanimara todo lo que está en lo profundo del alma y pareciera dormido.
Con las manos de hielo, el instinto anima a abrazarse a sí mismo, abrazarse en todos los sentidos, descubrir la importancia de lo que hay dentro.