martes, 27 de mayo de 2014

Esquinas

Nada más sexy que una esquina, donde se escurren los sentimientos superficiales y se mezclan con los más oscuros y secretos deseos.

La esquina se abre como los labios que salen a buscarte.

Una esquina que cambia todo el sentido y a la vez, se mantiene intacta por el tiempo y los sueños.

Cuantos sueños, cuantas ilusiones se han roto al doblar la esquina de una calle, de tu cama, del borde en tu sonrisa.

Tantas cosas guardamos y cruzamos con ellas cada nuevo rincón, cuantas cosas de otros cuentos aparecen el día menos pensado.

Hay algo que cruza la esquina de tu mano, hace girar y pone de cabeza el universo.

Algo en tus ojos me tiene de vuelta a esta esquina, de mi perdición, de mis sueños rotos, de lo que no dijiste y jamás entenderé. 

Los veinte minutos más largos de mi vida transcurren en esta esquina, en silencio, sabiendo que respiras a menos de un metro. Tan cerca y tan en tu planeta.

Y odio que precisamente la maldita inspiración regrese y me encuentre en esta esquina, en esta ciudad ajena, con la conciencia a punto de abandonarme. 

Con ganas de gritarte, reclamarte y enloquecerme porque un día cualquiera decidiste arrebatarme tus manos, olvidaste lo que yo sentía y ni siquiera hubo un espacio para llorarte y consolarme.

Tuve que tomar los pedazos que dejaste y seguí mi vida, como el reloj sigue avanzando sin que le importe si hay sol o luna. Tuve que seguir, no porque sea fuerte, sino porque es lo único que sé hacer.

Te miro en esta esquina y juro que no me duele, quizá sea el no sentir nada lo que me duele. Me duelen las partes de mí que se han quedado atrás al doblar cada esquina. 

No tienes idea del dolor que me causan las posibilidades que me quitaste, no sólo de estar juntos, sino de hablar, de comprender, de saber que piensas y que pasó para que decidieras de esta manera.

Quizá nunca lo sepa y menos lo entienda, pero debo aprender a vivir así.