De Oaxaca, con mucho amor, para el mundo.
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México en una Imagen 2014 -MarianaCarballo
Poema de hace más de 50 años que sigue muy vigente.
De Gregory Corso.
¿Debo casarme? ¿Debo ser bueno?
Sorprender a la chica de al lado,
con mi traje con chaleco y mi sombrero fastuoso?
Y no llevarla al cine sino a cementerios,
y decirle todo acerca de los lobos en las salas de baño
y de clarinetes falseados.
Entonces desearla y besarla y todas las preliminares
y ella yendo hasta ahí nomás y yo entendiendo porqué
sin enojarme y decirle: Tú debes sentir ¡es hermoso sentir!
En cambio tomarla en mis brazos,
los dos apoyados contra una vieja tumba torcida
y cortejarla toda la noche las constelaciones en el cielo.
Entonces ella me presenta a sus padres,
la espalda derecha, el pelo finalmente arreglado, estrangulado
por una corbata
¿debo sentarme con las rodillas juntas en su rígido sofá
sin preguntar: Dónde está el baño?
¿De qué otra manera sentirme distinto a lo que soy?
Oh que terrible debe ser para un hombre joven,
sentarse frente a una familia y la familia pensando;
¡Nunca lo hemos visto antes! ¡Quiere a nuestra Mary Lou!
después del té y las tortas caseras ellos preguntan:
¿Qué hace Ud. Para vivir?
¿Debo decirles? ¿Me querrán entonces?
Dicen Muy bien cásense, no estamos perdiendo una hija
estamos ganando un hijo.
¿Debo preguntar entonces Dónde está el baño?
¡Oh Dios y la ceremonia! Toda la familia y sus amigos
y solamente un puñado de los míos todos mugrientos y barbudos,
tan sólo esperando las copas y la comida
¡Y el cura! Mirándome como si me masturbara
preguntándome: ¿Toma Ud. a esta mujer como legítima esposa?
Y yo temblando ¡qué decir Torta de Engrudo!
Y beso a la novia todos esos carnudos palmeando mi espalda.
Ella es toda tuya muchacho! Je-Je-Je
Y en sus ojos puedes ver
alguna obscena luna de miel llevándose a cabo.
Después todo ese absurdo arroz y las latas y zapatos
¡Niágara Falls! ¡Hordas de nosotros!
¡Esposos! ¡Esposas! ¡Flores! ¡Chocolates!
Entrando en hoteles lujuriosos,
todos para hacer la misma cosa esta noche.
El conserje indiferente sabiendo lo que va a pasar.
Los zombis del hall de entrada ellos sabiéndolo.
El botones parpadeante sabiéndolo.
¡Todo el mundo lo sabe!
Yo estoy inclinado a no hacer nada!
Quedarme parado toda la noche! ¡Mirar al conserje en el ojo!
Gritando: Yo estoy en contra de la luna de miel! ¡En contra!
corriendo rampante en esas suites casi climáticas
aullando ¡Panza de Radio! ¡Palada de gato!
O viviría en Niágara para siempre! En una caverna oscura.
Debajo de las Cataratas,
me sentaría allí el Lunamielero Loco,
planeando maneras de romper matrimonios,
un flagelo de la bigamia,
un santo del Divorcio,
tomo la casa.
Pero debería casarme, ser bueno.
Que lindo llegar a casa, a ella
y sentarme cerca de la chimenea y ella en la cocina,
con un delantal ella joven y adorable queriendo mi bebé,
y tan contenta conmigo que quema el roastbeef,
y se me acerca llorando y yo me levanto de mi sofá de gran papá diciendo:
¡Dientes de Navidad! ¡Manzana Sorda!
¡Mentes radiantes!
¡ Dios qué marido sería! ¡Si, debería casarme!
¡Tanto por hacer! Como por ejemplo entrar a
en la casa de Mr. Jones tarde en la noche,
y cubrir sus palos de golf con libros noruegos de 1920,
como colgar una foto de Rimbaud en la máquina de cortar,
como pegar estampillas de Tannu Tuva
por todo el cerco,
como cuando la señora Bondad de Cabeza viene a recolectar
fondos para el cofre de la Comunidad,
tomarla del brazo y decirle: Hay signos desfavorables en el cielo!
y cuando venga el intendente para obtener mi voto decirle:
¿cuándo va a prohibir a la gente asesinar ballenas?
y cuando el lechero venga dejarle una nota en la botella.
Polvo de pingüino, tráigame polvo de pingüino
¡Yo quiero polvo de pingüino!
Y sin embargo si yo me casara y es una zona residencial y hay nieve
y ella tiene un chico y yo estoy sin dormir, agotado,
levantado toda la noche, la cabeza reclinada en una ventana tranquila
el pasado detrás de mí,
encontrándome en la más común de las situaciones
un hombre tembloroso con el conocimiento de la responsabilidad.
¡Oh lo que sería!
Seguramente le daría por pezón un Tácito de caucho
por sonajero,
una bolsa de discos rotos de Bach,
le hilvanaría a Della Francesca en el pesebre,
le cosería el alfabeto griego en su babero,
le construiría un Partenón desguarnecido para su lápiz.
No, dudo que sería ese tipo de padre.
Césped,
no hay nieve rural ni ventana tranquila,
sino la ciudad de Nueva York calurosa dura y maloliente,
siete pisos sin ascensor, cucarachas y ratas en las paredes,
una mujer gorda del Reich aúllando sobre las papas: !A trabajar!
y cinco chicos ruidosos enamorados de Batman
y los vecinos todos desdentados y con el pelo seco,
como esas masas de brujas del siglo dieciocho?
todos esperando entrar a ver TV.
El dueño de casa quiere el alquiler,
es imposible tirarse a soñar:
teléfono, nieve, fantasma estacionado.
¡No! ¡No debo casarme! ¡No debo casarme jamás!
Pero, imaginemos que yo estuviera casado,
con una mujer hermosa y sofisticada,
alta y pálida vistiendo un hermoso vestido negro
y largos guantes negros
con una boquilla en una mano.
Y un trago en la otra
y vivimos en un rascacielos con una ventana enorme,
desde donde podemos ver todo Nueva York,
y aún más lejos en días claros.
No, no me imagino en este sueño de prisión agradable
¿y qué pasa con el amor?
Me olvido del amor,
no es que sea incapaz de amar,
sino que el amor me parece tan raro como tener zapatos.
Nunca quise casarme con una chica que fuera como mi madre,
e Ingrid Bergman siempre fue imposible
y posiblemente haya una chica pero ya se ha casado
y no me gustan los hombres y…
¡pero debe haber alguien!
Porque si tengo 60 años y no estoy casado
todo solo en un cuarto amueblado,
con manchas de pis en los calzoncillos
y todos los demás están casados.
¡Todo el universo casado excepto yo!
Ah y sin embargo yo sé que si hubiera
una mujer posible como yo lo soy,
entonces el matrimonio sería factible!
Como ELLA con sus solitarios adornos cursis
esperando a su amante egipcio,
así también yo espero, desconsolado de 2.000 años y el baño de la vida.
Hoy trepé una escalera para alcanzar la luna, subí y subí y el vértigo apareció. El tiempo se detuvo, lo de abajo lucía hermoso y lo de arriba aún más.
En un segundo entendí que pertenecía a la belleza de la Tierra, pero mirando siempre a las estrellas. Así fue como un impulso me golpeó y bajé corriendo para traerles la belleza del cielo....
Ese momento exacto cuando entramos al cuarto , me miras con paciencia en la total oscuridad, me recorres con esa paz del que nada busca y sólo encuentra un poco de luz. Tu mirada me recorre hasta los huesos, es como si abrieran las estrellas y explotaran en tus dedos que me tocan como si esto no fuera real.
Ese momento en el que todo tiene sentido, o nada. Donde todo inicia y a la vez acaba. Cuando me quedo a vivir entre tus labios y buscas mi cuerpo como un niño que ansía un algodón de azúcar.
Yo también te miro, algo me vibra dentro. No se trata del contacto, ni de la belleza, sino de este momento que no podría ser de otra manera. Te miro y te necesito, te miro y decido quedarme.