Veracruz es conocido en México y el mundo por sus bellezas naturales, es un estado rodeado por ríos que bañan la verde vegetación de su selva. Más allá de su riqueza cultural, está la magia y el poder de la naturaleza que ha dado vida a ese estado, es precisamente esa vida la que permite que sea un lugar idóneo para practicar un deporte al extremo: el rafting o descenso de ríos. Es una actividad deportiva y recreativa que consiste en recorrer el cauce de ríos en la dirección de la corriente (río abajo), por lo general sobre algún tipo de embarcación o balsa. Por lo común los ríos que se navegan tienen algún grado de turbulencia, éstos también son llamados ríos de "aguas blancas" debido a que este color es característico de la espuma que genera la turbulencia en los cuerpos de agua. Otra denominación común para este tipo de ríos es simplemente "rápidos". Hace unos días me aventuré al realiza rafting, sin una previa intención de mi parte, en un poblado de Veracruz llamado Jalcomulco, a través del cauce del río Pescados. Es uno de los mejores ríos para practicar el rafting en México durante todo el año. El descenso es de 3 horas aproximadamente, en un recorrido de 18 km, con 17 rápidos calificados como intermedios y difíciles: aguas blancas muy turbulentas pero predecibles, huecos y olas de hasta dos metros, remolinos considerables para una embarcación. Existen pasos estrechos que requieren maniobras técnicas complicadas. La sensación experimentada en el rafting es indescriptible, es un vacío en el estómago que de pronto se llena de adrenalina que corre por todo el cuerpo. Es como sentir la vida más de cerca, la naturaleza a tu alrededor con todas su intensidad y tú únicamente te dejas llevar, en momentos parece que te arrastra pero si sabes escucharla, leerla y olerla, sales vivo en cada prueba. El río como la vida, te da momentos de tranquilidad y regocijo, te da otros en los que te reta a salir, otros en los que parece que te hundes y al final del recorrido lo mejor fue precisamente haberlo realizado: segundo por segundo, sin cambiar nada, sintiendo con intensidad cada paso. Al final lo que de verdad vale la pena es haberlo vivido.
La sensación experimentada en el rafting es indescriptible, es un vacío en el estómago que de pronto se llena de adrenalina que corre por todo el cuerpo. Es como sentir la vida más de cerca, la naturaleza a tu alrededor con todas su intensidad y tú únicamente te dejas llevar, en momentos parece que te arrastra pero si sabes escucharla, leerla y olerla, sales vivo en cada prueba. El río como la vida, te da momentos de tranquilidad y regocijo, te da otros en los que te reta a salir, otros en los que parece que te hundes y al final del recorrido lo mejor fue precisamente haberlo realizado: segundo por segundo, sin cambiar nada, sintiendo con intensidad cada paso. Al final lo que de verdad vale la pena es haberlo vivido.
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