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sábado, 22 de agosto de 2009

El hilo de plata

Laura Esquivel es una famosa escritora mexicana que es conocida en el mundo por el libro “Como agua para chocolate” del que después salió una película que le dio la vuela al mundo. Con esa obra llegó a la cima de la fama y a pesar de ello continuó trabajando en nuevas propuestas.

Ahora mismo me encuentro inmersa en el mundo de la Malinche y Hernán Cortés gracias al libro “Malinche” de la misma autora. En este libro Laura conserva su tono romántico en medio de acontecimientos históricos que marcaron el rumbo de México. Un poco de realidad histórica documentada con bibliografía reconocida y otro poco de drama novelesco, el libro va transitando por el lado oscuro de la Conquista a la vez que abre al lector la posibilidad de conocer los matices en las personalidades de Cortés y Malinche y formar su propio criterio en torno a ellos.

Quizá lo que más disfruto de este libro es el toque de poesía náhuatl inmerso en los diálogos, sobre todo el de Malinalli (Malinche) consigo misma, con los dioses o con su abuela. El diálogo que más me tocó por dentro fue el de la visión de los dioses y el cosmos en unidad con cada ser humano, Malinalli imagina que todos los humanos estamos conectdos los unos a los otros por un hilo de plata que nos hermana y que el inicio y el fin de ese hilo es Dios que une a toda la humanidad.

Leer esas frases me trasladaron al tema que se apoderado de mi estos últimos meses y que cada día que pasa descubro un nuevo espacio para expresar mis ideas y compartir con todos lo que soy. Obviamente estoy hablando de las redes sociales. En años anteriores quizá no hay nada que se les compare, el teléfono o carta o correo son medios de comunicación directos, de relación uno a uno y en el caso de la carta sin derecho de réplica. Lo atractivo par mí de las redes sociales es esa posibilidad de expresarse sin que nadie lo pregunte, con un par de palabras y que exista un derecho a réplica implícito.

Otra cosa que me parece maravillosa e incomparable es poder estar en la vida del otro sin que él necesariamente esté en la nuestra. Un poco como los toros, poder mirar desde la barrera con la opción de intervenir cuando sea bienvenido. Creo que esa es la bondad de las redes sociales: te dan siempre la opción, pero nunca la obligación. Ya sea de expresarte, de opinar, de criticar, de mirar, de analizar, la posibilidad de sentir que el hilo de plata se hace cada vez más latente entre nosotros, que todas esas conexiones virtuales son a fin de cuentas una forma de sentirnos más vivos, más aquí, más cerca del otro.

Todo ese mito que ha levantado la sociedad y los medios respecto a que Internet perjudica las relaciones, separa a los humanos es totalmente falso, al menos en mi caso concreto Internet me ha unido más a mis amigos que en ocasiones por la distancia o el tiempo no podría ver tan seguido. Internet me enseña cosas y las redes sociales me gustan porque siento que son la novela de mi vida, la que escribo día con día, la máxima obra de cualquier aprendiz de escritor como yo. Las redes sociales son mi historia, la historia de mucho, son la belleza de relatar lo intenso de la cotidianeidad.

Búsquenme en Twitter @gomiazul