viernes, 9 de enero de 2015

A veces uno se enamora de la probabilidad, más que del hecho en sí

Me gustan las probabilidades que tu y yo formamos.

La probabilidad de haberte conocido ese día, de que entraras en mi mundo y después de unas horas, tuvieras todo que ver con el sentido en que giran mis galaxias y se acomodan los planetas en mi pecho.

La probabilidad de que creyeras en mi magia y de que yo tuviera ese destello de tus ojos diciéndome que eras mi perdición, mientras atrapábamos el amanecer por las calles de la ciudad.

Me encanta la probabilidad de verte cualquier día y también  si no ocurre, porque me invita a desearlo más. 

Y verte tras una cámara, suspirando y aspirando la ciudad y el mundo, hace que me duela el estómago de nervios. Probablemente por ver mi reflejo en tí, verte tan frágil y tan dulce como esta luz que apenas despierta por la mañana y tocar apenas tu mano, apenas tu rostro y sentir que todo lo que toco me enamora.

A veces uno se enamora de la probabilidad, más que del hecho en sí. Hoy me rodean puras probabilidades en torno a tí. Quizá  no quiero certezas ni realidades que aniquilen esta magia, esta sensación de estar suspendida en el espacio contigo, retando al tiempo y descifrando horizontes en misterio. No quiero renunciar a las probabilidades, porque estos sueños nutren el cada día y me hacen feliz.

Aquí nada puede quitarme la posibilidad de que me beses, de que un día te enamores como un loco de mí y crucemos juntos el mundo y los planetas.Hoy todo eso cabe en mi cajón de probabilidades.

Prefiero no moverme, como si fueras una mariposa que al menor parpardeo vuela lejos, prefiero mirarte un poco lejos, no pedirte nada, ni hacer ruido, dejar que las cosas pasen al ritmo que marque la vida, para que no se espante mi sueño y se cumpla, la mejor de mis probabilidades....

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