domingo, 24 de marzo de 2013

Dejá vu

Despierto con el aroma de tu cabello en mis manos.
Debe ser porque en mi sueño, recorríamos infinitos espacios girando uno sobre el otro,
recorrimos mundos paralelos, propios y ajenos.

Yo prendida de tu cuello y tu misterio; y tu atado a mi cintura y mis deseos.
En ese sueño, nos mirábamos un tanto, no hablábamos, aspirábamos el uno al otro.
Con cada caricia atravesábamos el océano agitado, cada beso fue como la dulzura del atardecer, sentir tu piel es tan sereno como tocar la arena en la playa, tus miradas pendulan de la ternura a la pasión con los matices de los colores de la selva. Tus abrazos son suaves pero con la fuerza de la nieve en las montañas.

Seguimos viajando uno en la piel del otro, encontramos oscuros pero exquisitos territorios poco explorados. Te adentras en ellos para deleitarme, te responden pequeños balbuceos al borde de mi locura.

Respiramos hondo para recuperar el paso, aún quedan muchos valles, muchos cauces profundos de ríos por navegar, aguas que llegan directo a tu corazón.

De pronto nos golpea una tenue soledad, la del que sabiéndose parte del otro, se reconoce primero a sí mismo. La soledad dulce del que nada espera, sólo seguir este viaje....

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