lunes, 4 de febrero de 2013

Sálvame, sálvate

Y parece absurdo que esa indolente indiferencia me mantenga enganchada a tí, como pendiendo de un puente que se va derribando en medio de la selva. Sé que debo retroceder, pero una magia cegadora me mantiene colgada de un par de hilos.


Tú del otro lado ni me miras, sigues tu camino. Sé que me conoces, sé lo que sientes por mí, pero estás decidido a no salvarme. Para tí el amor es más un encuentro que un rescate de almas perdidas, yo quizá en el fondo sigo esperando quien me enseñe otra vez los colores aunque sé que esa paleta vive en mi alma.

¿Cómo atravesar el puente sin irme al vacío? ¿Cómo caminar a tu lado sin esperar que me rescates?

Paciencia, disfrutando cada movimiento hacia arriba, hacia adelante. Primero, fuerza en los brazos para hacer balance y llevar el cuerpo arriba, siguiente apoyar las rodillas y tomar aire. Después, impulso para ponerse de pie, sentir el equilibrio del cuerpo y el alma en el mismo sitio. Sentirme a mí misma porque todo eso lo hice sola. En mí y para mí.

Y sólo entonces, cuando sea capaz de levantarme sola, recuperar el paso y caminar erguida, sólo entonces seré capaz de caminar contigo y a tu lado.

Nadie te salva, nada te salva. Sálvate tú.
 
 
Foto: Arte de Weisseneger, Alemania.

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