lunes, 21 de marzo de 2011

No sueltes mi mano...

Muchas veces ocurre que los ojos se nublan,
es la bruma del día a día, de la rutina,
es  el montón de cosas que nos detienen y limitan,
el miedo a lo inmenso, a lo intenso, a lo que hablamos.

El color es tan claro que me deslumbra,
como el blanco de la luna, de las perlas, de tu amor.
Tu corazón es tan cálido que olvida mis penumbras,
como el niño que habita en la luna y sólo ve su resplandor,
que perdona, se entrega y quiere adornarte con palabras.

Parece que soy fugaz, pero mis ojos no.
parece que quiero tenerte, pero no.
No quiero lo que ya he tenido siempre,
tu sonrisa, tus deseos, tus delirios: tú.

Sólo te pido no sueltes mi mano,
aunque los tiempos se pongan malos,
aún si corro lejos de tí sin decir adiós.
Y aunque todo te indique que es el fin,
no sueltes mi mano, porque esas manos,
ese contacto es lo más cercano a dos, a Dios.

No hay comentarios: