Llevo como veinticuatro horas pensando en cómo inicia el amor, tratando de hacer memoria de todas las ocasiones que me he enamorado y he encontrado una cosa común y cierta: todo inicia con una decisión.
Si tuviera que resumirla, es una decisión tan grande pero que se da en un segundo, cuando todo parece aclararse y en el interior sabemos que llegó el momento de avanzar, de arriesgar, de compartir lo que hay muy dentro.
Es la decisión que nace a partir de la magia de la conexión. La conexión que hace vibrar los sentidos, que sacude todos los órganos, abre espacios en el estómago, desordena las palabras al hablar, abre paso al airecito que recorre la columna, pone en los ojos un velo azul con el que todo se ve más claro, limpio y alegre y los prepara para brillar como estrellas.
La conexión es lo que vale, sentirla, vivirla, temblar con ella y por ella. La magia viene cuando se repite y se repite hasta que se vuelve un lazo sólido y fuerte como la tierra, inmenso como el mar, deslumbrante como las mañanas claras.
A partir de ese momento, todo cambia. La piel se abre a experimentar nuevas emociones, los ojos brillan porque la plenitud interna se desborda, el rostro dibuja sonrisas antes desconocidas, las tragedias empiezan a ser muy pequeñas y las satisfacciones muy grandes. Y todos estos síntomas, empiezan a apuntar al mismo diagnóstico: irremediablemente amor.
Si tuviera que resumirla, es una decisión tan grande pero que se da en un segundo, cuando todo parece aclararse y en el interior sabemos que llegó el momento de avanzar, de arriesgar, de compartir lo que hay muy dentro.
Es la decisión que nace a partir de la magia de la conexión. La conexión que hace vibrar los sentidos, que sacude todos los órganos, abre espacios en el estómago, desordena las palabras al hablar, abre paso al airecito que recorre la columna, pone en los ojos un velo azul con el que todo se ve más claro, limpio y alegre y los prepara para brillar como estrellas.
La conexión es lo que vale, sentirla, vivirla, temblar con ella y por ella. La magia viene cuando se repite y se repite hasta que se vuelve un lazo sólido y fuerte como la tierra, inmenso como el mar, deslumbrante como las mañanas claras.
A partir de ese momento, todo cambia. La piel se abre a experimentar nuevas emociones, los ojos brillan porque la plenitud interna se desborda, el rostro dibuja sonrisas antes desconocidas, las tragedias empiezan a ser muy pequeñas y las satisfacciones muy grandes. Y todos estos síntomas, empiezan a apuntar al mismo diagnóstico: irremediablemente amor.
Lo que pasa después es otra serie de decisiones, cada una apostando más y más, y lo que más vale es el camino recorrido desde la primer apuesta hasta la eternidad.
El amor es el compañero ideal en el recorrido hacia la eternidad.
Inspirado en la historia de mi amigo twitter @cigarrillo
1 comentario:
Es cierto, me recuerda una situación que viví hace un año... donde bastaron solo unas palabras para quedar totalmente a su merced después de escucharlas... En fin el amor es... el resultado de esos momentos que nos unen...
@cigarrillo
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