Siempre he sido una persona fuerte e independiente, incluso de niña. Me gusta reafirmar mi independencia y mi fuerza y en los roles que me ha tocado jugar en la vida me toca frecuentemente el de proteger, proteger a la gente que me importa, los sentimientos de las personas que quiero, su estabilidad física e incluso a veces económica.
Antes era una persona sumamente egoísta, pero desde que siento que la vida me sonríe, que Dios me ilumina y que tengo la capacidad y la fuerza de hacer todo lo que me proponga, me gusta y disfruto estar al pendiente de las personas y ayudar en lo que esté en mis manos, he descubierto ese sentimiento de alegrarle la vida a las personas o darles momentos de felicidad y es en verdad reconfortante.
Pocas veces me quiebro o soy pesimista, pocas veces también busco la protección de los demás, algunas veces sólo de mi familia, pero esto que me está pasando es muy raro. Nunca antes había experimentado este sentimiento de sentirme tan protegida por alguien sin haberlo pedido y sin estar en alguna situación indefensa. Es precisamente en este momento de mi vida que me siento más fuerte, que he superado cosas difíciles, que estoy día a día luchando por tener voluntad y persistencia, cuando más en paz me siento con mi entorno, que me llega esta sensación tan desconocida para mí.
Tampoco es una sensación permanente, han sido únicamente dos instantes en días distintos, instantes si acaso de un minuto y han movido tantas cosas en mí. Aunque esta sensación es nueva y diferente, me gusta, me gusta mucho, podría prolongar esos instantes por horas, por días. Y me da miedo que esa sensación no vuelva a aparecer con nadie más y que ahora que lo tengo se me escurra como agua entre los dedos y cuando algún día piense por qué no hice nada por prolongar esa sensación, o por permanecer a lado de quien causa esa sensación, me entre un gran arrepentimiento y no pueda hacer nada.
Esa sensación la siento cuando tú me abrazas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario