Cuando la esperanza se disuelve y llega todo lo que tanto se esperaba, a veces parece como tener una nube en las manos, no sabemos ni para donde voltear, porque todo alrededor es felicidad. Este año aprendí la inmensa lección de dejar a un lado las quejas y concentrarme en construir, ahora recuerdo el vértigo que sentí cuando me gradué y no sabía que esperar de la vida, ni de nada y lo veo como un momento que quedó atrás, porque hoy sé lo que tengo y lo que me falta para ir hacia donde quiero.
Lo que siempre estará es la súplica por tener la inteligencia suficiente para resolver lo que se pueda y la capacidad de rezar por lo que no está en mis manos. Y entonces vuelve a surgir la esperanza, como una llama pequeña. Aunque llegue lo que tanto se espera, siempre estará ahí la llama, acompañándome: esperando y buscando nuevas cosas, así es la vida, nunca conformarse, disfrutar la felicidad, pero reinventarla para que no se agote y no sea un estado al que se llegue de forma automática.
1 comentario:
...asi que con este post comenzo todo...
bueno siguiendote desde el principio.
Saludos
Publicar un comentario